miércoles , 26 junio 2019
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«Síndrome de Otelo»: cuando los celos enferman al hombre

La presencia de celos puede destruir una pareja. Bien lo sabía el maestro William Shakespeare cuando creó ese contrariado personaje de nombre Otelo (el moro de Venecia), que dejándose llevar por los celos enfermizos termina matando a su esposa Desdémona. La psiquiatría reconoce diferentes patologías que tienen como síntoma principal los celos, y el delirio celotípico es su forma más grave de presentación.
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El Síndrome de Otelo (como se lo llama comúnmente) es una patología delirante que tiene como manifestación la idea incoercible de deslealtad de su pareja. Quien lo padece encuentra indicios de infidelidad en argumentos o acciones absurdas.

Aunque puede aparecer en ambos sexos, este síndrome es más frecuente en los hombres. La razón fundamental tiene bases psicológicas y culturales. El apego real y simbólico a la figura de la madre actuaría inconscientemente generando sentimientos ambivalentes de amor-odio hacia las demás mujeres. La cultura también impone sus reglas: en estos sujetos la idea de poder, dominación y fuerza sobre la figura femenina es imperante. Ellos quieren mujeres que se sometan a sus reglas y cualquier conducta de autonomía de parte de ellas es vivida como sospechosa.

Los distintos tipos

Los celos no son necesariamente patológicos: forman parte del capital de emociones que toda persona tiene. Se consideran síntomas de un trastorno psiquiátrico solo cuando dominan al sujeto e interfieren notoriamente en su vida de relación y en el resto de sus ocupaciones.

Podemos clasificar a los celos como:

1) Reacción emocional normal: es transitoria, no condiciona la vida de la persona ni de los demás.

2) Reacción emocional desmedida:
afecta sobre todo las relaciones amorosas. Es más frecuente en mujeres con diferentes grados de dependencia. Pueden o no haber existido situaciones previas de infidelidad (ya sea personales, familiares o de amistades cercanas). Son controladoras y pretenden que el otro les despeje infinidad de dudas que nunca llegan a ser aclaradas.

3) Celos como rasgo distintivo de la personalidad: son personalidades desconfiadas, suspicaces, que condicionan la vida del sujeto y del entorno. Afectan todas las áreas: relaciones familiares, amorosas y trabajo, entre otras. Son fríos, calculadores, encuentran amenazas donde no existen y están convencidos que lo que piensan es una “verdad” indiscutible. Se denomina Trastorno paranoide de la personalidad.

4) Síndrome de Otelo: es un trastorno delirante con ideas de celos, también denominado celotipia. Son ideas que atrapan el pensamiento y convencen al sujeto de que el otro le es infiel. El delirante celotípico construye su delirio con datos irracionales y pierde el tiempo tratando de hallar comprobaciones para confirmar sus sospechas. Los delirios de celos pueden formar parte del trastorno delirante crónico o paranoia, pero también lo observamos en los comienzos de cuadros demenciales por deterioro involutivo de la corteza cerebral y en el alcoholismo crónico.

La búsqueda de certezas

La sospecha insistente puede llevar a la persona a revisar mails, celulares, controlar los horarios (de trabajo, de actividades personales, etc.), hacer numerosas llamadas, pagar detectives y comprometer a amigos en común. Cualquier cosa es válida con tal de conseguir información.

La diferencia entre la persona celosa y el delirante es que el primero basa su suspicacia en datos de la realidad que no debieran despertar ninguna sospecha (ejemplo: habla por teléfono con un amigo y el celoso piensa que hay algo entre ellos), en cambio el delirante convierte cualquier dato externo en la certeza de infidelidad (ejemplo: si la pareja concurre al médico para un control, el delirante piensa que está embarazada del amante).

Los celos destruyen

El celoso y el celado establecen un vínculo sin paz. No existe armonía, ni comunicación profunda. Se caen los proyectos y cualquier esperanza de recomposición se disipa al momento. El adulto celoso no reconoce al otro en su dimensión más plena. El otro está dentro de la experiencia subjetiva de control y posesión.

El celoso manifiesta un amor basado en la dependencia, como si el otro fuera parte del mundo personal del primero. Por lo tanto, no reconoce la individualidad propia ni la ajena.

El celoso justifica o minimiza sus sospechas. El uso de un mecanismo defensivo llamado “proyección” le hace ver las faltas en el otro, como si este (la persona afectada) fuera una pantalla donde el celoso proyecta sus errores, sus inseguridades, sus miedos, su odio.

La ambivalencia como núcleo de la relación

En la ambivalencia afectiva conviven sentimientos opuestos: amor/odio, dependencia/independencia. Muchas uniones de pareja se basan en esta díada simultánea de atracción y rechazo.

Es importante evaluar y pensar… ¿Por qué una pareja que sufre por los celos no se separa? ¿Por qué eligen estar alerta el uno del otro, mirándose como enemigos bajo el mismo techo, sin poder conectarse ya desde el amor? La respuesta está en las carencias iniciales.

El celador y el celado dependen uno del otro para poder ser, son como dos piezas complementarias que encajan casi a la perfección y se reclaman mutuamente la parte que el otro posee. Es un ejemplo cabal de sentimientos opuestos proyectados en el otro: te amo, pero también te odio por no dejarme ser independiente.

El momento de pedir ayuda

Cuando aparecen celos en una pareja (por experiencias anteriores o simplemente por ser celosos) hay que evaluar el grado de influencia que tienen en la relación. Hay personas que se reconocen celosas pero aprenden a controlarlo, a no dejarse llevar por este sentimiento desagradable. Otros lo padecen de forma transitoria, breve, hasta que van confiando en el otro y desaparece.

En la dimensión patológica existen personas que sospechan de todo (pareja, amigos, compañeros de trabajo), se muestran rígidos, fríos y calculadores. Son las personalidades paranoides. Estos sujetos son controladores y limitan al otro al punto de marcarle “lo que puede y lo que no puede hacer”. Y en el extremo más patológico existe el delirio celotípico (Síndrome de Otelo).

Cuando los celos perjudican la relación amorosa y/o influyen en las diferentes actividades del individuo, es fundamental la consulta profesional para diferenciar la expresión transitoria de las patológicas.

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