viernes , 24 agosto 2018
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7 cosas que no deberías hacer nunca en un hotel

Aunque sus responsables pretendan hacernos sentir como si estuviéramos en casa, no podemos olvidar que los hoteles son establecimientos que compartimos con otros huéspedes y que, por lo tanto, requieren el cumplimiento de determinadas normas, muchas de ellas no escritas.

Durante la estancia, se impone ante todo, ser cauto y respetuoso con el resto de clientes y sobre todo, con el personal que nos atiende. De ello dependerá en buena parte que nuestra experiencia sea agradable y placentera. Por ello, no está de más recordar algunas reglas básicas y algún que otro consejo que deberías tener muy en cuenta cuando te hospedas en un hotel.

Hacer ruido

Gritos en los pasillos, televisor o música a todo volumen, conversaciones en tonos desmesurados, taconeo en la habitación, sexo excesivamente sonoro… Sin lugar a dudas, una de las cosas que molestan más al resto de huéspedes y que altera en mayor medida la convivencia en un hotel es el ruido. Y es que no hay nada más irritante que no poder conciliar el suelo o despertarse en plena noche por culpa de un vecino desconsiderado.

Bajar la guardia en higiene

Todo coincidimos en que la limpieza es uno de los requisitos prioritarios a la hora de elegir hotel. Exigimos encontrar baños, habitaciones, espacios comunes, sábanas o toallas pulcros, pero solemos ignorar que algunos rincones de nuestra estancia pueden estar plagados de gérmenes.

Como medida preventiva, te recomendamos que prestes especial atención a aquellas superficies, cuya limpieza resulta más difícil o es menos frecuente. Es el caso de colchas, fundas de cojines, cortinas y, en especial sofás o sillas -la revista Women’s Healt aconseja no sentarse nunca en ningún mueble tapizado sin antes poner una toalla o sábana encima-. Tampoco pases por alto el potencial bacteriológico del secador de pelo o el mando a distancia de la tele. La falta de tiempo del personal encargado de la limpieza hace que, según distintos estudios, no estén debidamente desinfectados.

Llevarte lo que te apetezca al abandonar la habitación

No todo lo que encuentras en la habitación es para ti. Por supuesto, todo ello es para tu uso mientras dure la estancia, pero hay objetos que son de simple cortesía, como el albornoz o las toallas, los centros de mesa o los cubiertos. Si te gustan y tu deseo es llevártelos a casa puedes solicitarlo al personal de recepción. Los hoteles suelen prever la venta a clientes que ambicionan un recuerdo del establecimiento.

Por contra, sí puedes quedarte con determinados amenities , uno de los detalles más valorados por los clientes. Los productos más habituales son los de higiene, como las botellitas de champú, el gel de baño, el body lotion, el cepillo de dientes o bolígrafos, lápices y blocs de notas.

Echar mano del minibar

No negaremos que la tentación de echar mano del minibar es grande, pero hacerlo puede suponerte un desembolso económico considerable. Y es que por un botellín de agua o de cualquier otro refresco pagarás el gusto y las ganas. Sé previsor y cómpralo en una tienda o supermercado.

Tampoco te pases de listo: algunos consumen los productos y los reponen a posteriori sin saber que muchos hoteles utilizan sensores que ante el mero hecho de manipular una botella, se carga automáticamente en cuenta.

Relajarte en cuestiones de seguridad

Los hoteles prestan especial atención a la seguridad, pero no por ello debes bajar la guardia. No dejes en lugares visibles piezas de valor, dinero o joyas. Lo más recomendable es ponerlo en la caja de seguridad de la habitación o, en caso de no disponer de ella, entregarlo en custodia en la recepción del hotel. No olvides tampoco la puerta abierta mostrando tus enseres personales a cuantos pasen junto a ella y acuérdate de cerrar la ventana si es fácilmente accesible.

En cuestiones de tecnología, no envíes información confidencial a través del wifi del hotel, evitarás riesgos.

Saltarte a la torera las condiciones de reserva

No alojes en tu habitación a una persona que no esté registrada o que supere el número de huéspedes que contempla la tarifa contratada, ni a una mascota, si el hotel no contempla esta posibilidad. Tampoco eches un pitillo en una estancia para no fumadores. Todas estas situaciones y algunas más podrían acarrearte problemas con la dirección.

Ser maleducado y perder el decoro

Si presumes de ser una persona educada, debes hacer gala de esta condición en todo momento. No te olvides de saludar y ser amable con el personal de recepción, los encargados de la limpieza de las habitaciones o los camareros. Ellos hacen su trabajo y no esperes que estén a tu disposición para satisfacer caprichos y sinsentidos. Agradece lo que hacen por ti: recibirás, sin duda, un mejor trato.

Aunque te sientas como en casa, recuerda que no lo estás, así que cuida la forma de vestir en cada momento. No te pasees en albornoz por el pasillo ni vayas a desayunar en bañador. ¡Lo último es perder las formas!

En la mayoría de hoteles -sobre todo los de categoría superior- el personal entra durante el día en más de una ocasión en la habitación para comprobar cualquier detalle. Si no quieres que alguien te sorprenda desnudo cuando estás en la ducha, cierra la puerta del baño o bien no te olvides de poner en la puerta el correspondiente cartelito de “no molestar”. Evitarás más de un sobresalto ¡Seguro!

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